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En Alaska

Iritarod, la última gran aventura para el hombre

Es mucho más que una competición. La carrera de trineos con perros Iritarod que se está celebrando en Alaska es una carrera que enfrenta al hombre y al animal contra la naturaleza.

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Alaska, montañas escarpadas, ríos congelados, bosques densos, tundras desoladas y millas de costa azotada por el viento. Añade a todo esto tormentas de nieve con fuertes rachas de viento que pueden llegar a -73 ºC, vientos que pueden causar una pérdida completa de visibilidad, largas horas de oscuridad… Bienvenido a la carrera de trineos Iritarod.

Su origen se remonta en un hecho que aconteció en 1925, cuando una terrible epidemia de difteria afectaba a los 1.400 habitantes de la ciudad de Nome. La única manera de salvar a la población era mediante un suero, pero debido a las pésimas condiciones meteorológicas, su envío era imposible por tierra, mar y aire y el único modo de transporte posible desde Anchorage era gracias al tiro con perros de trineo.

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La solución se le ocurrió al gobernador de Alaska, Scott Bone, que reunió a los 20 mejores mushers y a los 150 mejores perros para trasladar en trineo las medicinas. El musher que completó el envió del suero salvador (se hizo en varias etapas) fue Gunnar Kaasen, que con su equipo de 13 perros logró hacer llegar las 300.000 dosis. En este episodio se forjarían las leyendas de Seppala, su ayudante Gunnar Kaasen y sus archiconocidos perros Balto y Togo.

Como consecuencia de este éxito, los habitantes de Nome de salvaron y casi 50 años después (en 1967) Dorothy Page y Joe Redington convirtieron parte de esa ruta en una carrera deportiva, pero no fue carrera oficial como tal hasta 1973 en la que se produce la primera edición de lo que se conoce como la mayor carrera sobre la tierra, la Iditarod, que lleva el nombre de una ruta nacional histórica, un pueblo ya abandonado y un río que, en el idioma indígena, se asemeja a la expresión “lugar muy lejano”. Es una carrera mítica ya que se recorren 1.161 millas (1.868 km) en tan sólo 10-17 días de competición. Comienza en Anchorage (parte centro-sur de Alaska) y la meta se sitúa en Nome, en la costa oeste del Mar de Bering. Al ser tan dura, sólo pueden participar equipos.

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Pocas pruebas conservan el espíritu de aventura y la esencia de un desafío en la naturaleza que eleva el espíritu humano a sus más altos valores. Un desafío a la resistencia física y psicológica, en el que los únicos compañeros de viaje son la soledad, la oscuridad, la nieve, las tormentas, las dificultades para orientarse y la temperatura extrema. Una prueba sobre todo contra uno mismo y sus límites en la que la organización advierte de los peligros propios de un territorio salvaje como Alaska: osos, lobos, avalanchas, búfalos, deshidratación, hipotermia, rotura del hielo…

La Iditarod no es de inscripción abierta –incluso hay carreras clasificatorias– y suelen participar alrededor de 70 mushers. Cada uno de ellos dispone de entre 12 y 16 perros y seis de ellos, como mínimo, deben competir de principio a fin. No se compite por etapas sino que hay que ir pasando por diversos puntos de control siempre respetando unas horas de descanso previamente establecidas. En los últimos 20 años, ningún ganador invirtió más de diez días y sólo cuatro mushers en toda la historia han completado el recorrido en menos de nueve días.

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Una de las tradiciones de la Iditarod es premiar al musher que más tarda en completar la carrera. El linterna roja más lento fue John Schultz en la primera edición (32 días) y el más rápido fue la suiza Marcelle Fressineau que en 2014 y con 60 años acabó la carrera última pero en tan sólo 13 días y 4 horas.

El duro invierno de Alaska añade dureza a la carrera que, en su historia, ha visto morir a 142 perros, el último de ellos Dorado en la edición de 2013. La edición más luctuosa fue la de 1990 donde fallecieron 29 perros. Todo un desafío.

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