LA UNIÓN PERFECTA ENTRE LA NATURALEZA Y LA ARQUITECTURA

LA UNIÓN PERFECTA ENTRE LA NATURALEZA Y LA ARQUITECTURA

Uno de los lugares más místicos de Bosnia y Herzegovina

Blagaj es uno de esos rincones mágicos en los que disfrutar de la tranquilidad y sentirse arrullado por una historia fascinante.

Blagaj es un remanso de paz y de armonía natural. A solo tres kilómetros del aeropuerto de Mostar, Blagaj, este pequeño pueblo con encanto de Bosnia y Herzegovina, es un importante monumento de la primera época otomana del país.

En este lugar los derviches, realizaron rituales especiales y los siguen realizando hoy en día. El silencio del jardín de la casa de los derviches, junto a la frescura del maravilloso manantial Buna, explica el por qué Blagaj es un lugar que ha atraído y sigue atrayendo a personalidades históricas, desde la nobleza romana, a los visires y kadis otomanos, pasando por los oficiales austrohúngaros, y a muchos otros viajeros anónimos que llegaron hasta aquí en el pasado y en la actualidad, buscando paz y un poco de alivio durante los rigores del verano.

Blagaj | Wikipedia

Porque en Blagaj lo mejor es disfrutar del agua, de los rayos del sol y del cielo azul. Y es que este rincón cuenta con un extraordinario número de días soleados al año, así que no es extraño que se haya convertido en un paraíso natural y en el hábitat de alrededor de 170 tipos de aves, el más conocido el buitre de cabeza blanca, una especie en peligro de extinción y que sólo se puede encontrar aquí y en la isla Cres.

El río Buna, afluente del famoso río Neretva, es un río ecológicamente limpio y de aguas frías que en primavera cuenta con una de las corrientes más fuertes de Europa ideal para el cultivo de la trucha, una trucha que tiene ya fama mundial.

El Buna fluye de una pared del acantilado de 200 metros de altura, y su fuente subterránea crea este corto río que desemboca en el Neretva. Su galería interna, la profundidad y la longitud de sus cámaras subterráneas, se encuentran entre las cinco más interesantes que existen en el viejo continente. Así que no es extraño que dejara impresionando al sultán otomano que al verlo ordenó que se construyera un tekija, o monasterio, justo al lado.

La casa de Derviche fue fundada por los derviches de la orden Bektashi en el siglo XVI, se sabe que existía ya a mediados del siglo XVII, y que allí se reunían estos religiosos musulmanes y mantenían discusiones científicas. Los bektašijama, en ese momento podrían ser comparado con los Templarios, que no eran sólo soldados sino también monjes

No fue fasta mediados del siglo XIX, cuando fue renovado por Omer Pasha Latas, y se convirtió en parte de la orden de Kaderi.

Hoy, la casa de Derviche pertenece a la orden de Nakshibendi.

Su atractivo reside en su arquitectura que se refleja brillante en el agua tranquila a sus pies. Los edificios de este complejo eran edificios de dos pisos, con ventanas con relieves y amplios jardines de flores. También había dos musafirhanas, o casas de caridad para los huéspedes, que se utilizaron para el alojamiento de los viajeros. El monasterio se estableció poco después de la caída de Herzegovina bajo el gobierno turco en 1446, y no más tarde de 1520.

El monasterio de Blagaj sigue siendo uno de los lugares más místicos en toda Bosnia y Herzegovina y uno de los monumentos culturales e históricos más importantes del país. Con el murmullo del río, el sonido de las aves y los patios en los uno puede deleitarse con el aroma de las flores, junto con la llamada a la oración de los imanes, aquí uno se transporta a un mundo diferente y contemplativo. No dejes de pasar por allí en tu próximo viaje, puedes visitar el museo, la tienda de recuerdos y aprovechar para tomar algo en buena compañía. El tekija abre durante todo el año y sirve bebidas en un precioso jardín con vistas a la fuente del río.

Este es uno de esos rincones mágicos en los que disfrutar de la tranquilidad y sentirse arrullado por una historia fascinante.

Más información: Blagaj Tekija

Y no dejes de acercarte a las ruinas de la ciudad de Stjepan, el castillo, que se encuentra en el inaccesible acantilado sobre el río Buna, y que fue sede de numerosos gobernantes del territorio.

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