En Grecia

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Los monasterios de Meteora, testigos del tiempo

Muy cerca de la ciudad griega de Kalambaka, son Patrimonio de la Humanidad

Al norte de Grecia, entre todas las maravillas naturales que esconde el país, en concreto a muy poca distancia de la ciudad de Kalambaka, se encuentran los conocidos Monasterios de Meteora. De lejos, y según uno se va acercando a ellos, sorprenden y llaman la atención de cualquiera. Pero cuando son tan solo unos pocos cientos de metros la distancia entre nuestra vista y ellos, resultan fascinantes.

Están situados sobre rocas, construidos casi a capricho de la naturaleza, en un lugar elegido casi por unanimidad de cielo y tierra. Sobre cimas imponentes que siglos atrás eran perfectas para defenderse de ataques imprevistos o de visitas inesperadas de enemigos. Lo cierto es que, dependiendo del ángulo desde el que se miren, parecen estar suspendidos en el cielo. Debido a la situación, durante años se convirtieron en verdaderos reductos de la cultura helénica, preservando tradiciones y protegiendo su cultura.

Pero, ¿de qué fecha datan estas singulares construcciones? Los primeros monasterios se edificaron en el siglo XIV por idea de un grupo de monjes que eran cristianos ortodoxos. Ellos se refugiaban en cuevas del lugar, perseguidos, y decidieron empezar a construir piedra a piedra los monasterios en este lugar tan inaccesible para los turcos, entre otras civilizaciones. Lo cierto es que al lugar era tan sumamente complicado acceder que los propios monjes tuvieron que inventar un sistema de poleas para poder abastecerse de comida y agua sin tener que descender por los empinados precipicios que rodeaban -y rodean, claro- a los monasterios.

En la época de mayor esplendor llegó a haber en la zona 24 construcciones, en cuyo interior se llevaba una vida monástica, pero en la actualidad hay muchos de ellos en ruinas y tan solo unos pocos se pueden visitar. Estos son el Monasterio de la Metamorfosis –cuyo nombre proviene del prelado San Atanasio “Meteorito” y es el más importante, al que se conoce también como “Gran Meteoro”-, el de San Nikolas Anapafsas, el de Roussanou, el de San Esteban, el de Varlaam y el de Santa Trinidad.

Todos surgen de montículos de roca oscura, de una considerable altura y para visitarlos hay que acceder por escaleras y puentes que se han ido construyendo con el paso del tiempo. Una de sus partes más curiosas es cómo se construyeron, y es que, al igual que las provisiones, los materiales que no podían encontrarse en la cima de las rocas, debían subirse a pie o en una cesta con una cuerda y un sistema de poleas, toda una hazaña para la época ya que se encuentran al borde del abismo.

En su interior todavía sigue respirándose una tranquilidad sin precedentes y aún pueden admirarse numerosos frescos que decoran las paredes y techos. Uno de los momentos más impactantes para visitarlos es cuando hay niebla, ya que al divisarlos de lejos parecen estar flotando entre nubes. Y si uno quiere hacer noche, puede hacerlo en alguno de los pueblos más cercanos, como son Kalambaka y Kastraki.

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